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Abel Asmerom

Soy de Eritrea, un país en el este de África, pero nací en Khartoum, Sudán, como refugiado. Mis padres se fueron de Eritrea durante una guerra civil con el propósito de llegar a los Estados Unidos. Siete meses después de mi nacimiento tuvimos la suerte de llegar a este país. Durante algún tiempo en mi infancia, pasamos de un estado a otro hasta que llegamos a Albuquerque, en Nuevo México.

Mi madre se preparó para la entrevista de naturalización mientras yo estaba en la escuela secundaria y recuerdo haberla ayudado porque veía lo importante que era para ella. Si bien el inglés era su segunda lengua, se esforzó mucho y logró su objetivo de obtener la ciudadanía, lo que le brindó una gran tranquilidad espiritual. A pesar de que me crié en este país y el inglés era mi primera lengua, recién a los 23 años pude naturalizarme y convertirme en ciudadano. El proceso era muy caro y no tenía los medios para llevarlo adelante. En ese momento de mi vida no tenía conocimientos jurídicos y no sabía que ya era técnicamente un ciudadano y no necesitaba realizar el mismo proceso que mi madre. Recuerdo que durante el proceso de solicitud me sentía abrumado y me preocupaba no hacer las cosas correctamente ya que no sabía qué penalidades me podrían aplicar. El haber pasado por ese proceso me incentivó a seguir la carrera de abogacía para poder ayudar a las personas que se encontraban en situaciones similares y se sentían desamparadas.

Cursé mis estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Creighton en Omaha, Nebraska y tuve la oportunidad de adquirir conocimientos de las distintas ramas del derecho. Mi experiencia de vida me hizo pensar en dedicarme al derecho migratorio y para estar seguro de que era lo que realmente quería, pasé mi último año en Creighton como externo en la Oficina del Abogado en Jefe del Departamento de Seguridad Nacional en Omaha. Tuve el honor de trabajar con excelentes personas que me mostraron el proceso del lado del gobierno. Los abogados con los que trabajé fueron unas de las personas más respetables y comprensivas que he conocido en mi profesión. Nunca olvidaré el tiempo que pasé en ese lugar, pero siempre supe que quería trabajar del otro lado y ayudar a las personas a permanecer en el país. Después de trabajar allí, tuve la enorme fortuna de ingresar en Hendricks Law. Desde el primer momento, estuvo claro que es un estudio jurídico que se dedica a ayudar a las personas a obtener el estatus jurídico que les corresponde sin aprovecharse de ellas. Al trabajar en la Oficina del Abogado en Jefe tuve la oportunidad de comprobar que existen abogados particulares que no están comprometidos con sus clientes y me enorgullezco en decir que no es el caso en este lugar.

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